ARTÍCULO 38: LA RECUPERACIÓN DE LIGAMENTO CRUZADO ANTERIOR

La rotura del ligamento cruzado anterior (LCA) es una de las lesiones más temidas en el deporte. Aunque la cirugía suele ser el punto de partida, la rehabilitación es el verdadero factor que determina el éxito de la recuperación. No solo para volver a correr o competir, sino para hacerlo con seguridad y reducir el riesgo de recaídas.

Las guías clínicas más recientes coinciden en un mensaje claro: no existe una única receta, pero sí principios sólidos que deben guiar todo el proceso de recuperación tras una reconstrucción de LCA.


La rehabilitación no es opcional: es el eje de la recuperación

Tras una reconstrucción del LCA, el objetivo no es solo que la rodilla “se sienta bien”, sino recuperar fuerza, control, movilidad y confianza. Aunque alrededor del 80 % de los pacientes vuelve a realizar algún tipo de actividad deportiva, solo una parte consigue regresar a su nivel previo, especialmente en deportes competitivos.

Una rehabilitación insuficiente o un retorno prematuro al deporte sin criterios objetivos aumenta el riesgo de:

  • Nueva rotura del injerto
  • Lesiones musculares secundarias
  • Problemas a largo plazo como dolor persistente u osteoartrosis

Por eso, la evidencia actual insiste en que el ejercicio es la base de todo el proceso.


Movimiento temprano y carga progresiva: romper con viejos mitos

Durante años se creyó que la inmovilización protegía la rodilla. Hoy sabemos que ocurre justo lo contrario.

Las guías recomiendan:

  • Iniciar el movimiento activo de la rodilla desde los primeros días, siempre respetando las indicaciones quirúrgicas.
  • Apoyar peso de forma temprana y progresiva, según tolerancia.

La movilización precoz mejora la recuperación del rango de movimiento sin comprometer la estabilidad del injerto, y evita una pérdida excesiva de masa muscular.


Fuerza muscular: el gran pilar de la rehabilitación

Cuádriceps y isquiotibiales, protagonistas absolutos

La pérdida de fuerza, especialmente del cuádriceps, es uno de los mayores obstáculos tras la cirugía. La evidencia apoya:

  • Combinar ejercicios en cadena cinética abierta y cerrada
  • Incluir trabajo concéntrico y excéntrico
  • Progresar la carga de forma individualizada

El trabajo excéntrico temprano (bien dosificado) puede mejorar la hipertrofia y la fuerza sin aumentar el riesgo para el injerto.

¿Alta o baja intensidad?

No existe evidencia clara de que entrenar siempre más duro sea mejor. La clave no es la intensidad aislada, sino la progresión adecuada, ajustada a cada fase y a la respuesta del paciente.


Modalidades físicas: útiles, pero secundarias

Crioterapia, electroestimulación o restricción del flujo sanguíneo pueden tener un papel complementario, sobre todo en fases iniciales:

  • La crioterapia puede ayudar a controlar el dolor y mejorar la satisfacción del paciente.
  • La electroestimulación neuromuscular puede facilitar la activación del cuádriceps en fases muy tempranas.
  • El entrenamiento con restricción de flujo puede ser útil cuando no se toleran cargas altas.

Sin embargo, ninguna de estas estrategias sustituye al ejercicio bien planificado, que sigue siendo el eje del tratamiento.


Control motor, saltos y agilidad: preparar la vuelta al deporte

A medida que avanza la rehabilitación, el foco debe ampliarse:

  • Ejercicios de control motor y estabilidad
  • Pliometría y agilidad en fases avanzadas
  • Integración progresiva de gestos específicos del deporte

Estos elementos no solo mejoran el rendimiento funcional, sino que ayudan a preparar psicológicamente al deportista para volver a competir, un aspecto clave y a menudo infravalorado.


Volver a correr y volver a competir: no es solo cuestión de tiempo

Uno de los mensajes más importantes de la guía es claro:
👉 el tiempo por sí solo no es suficiente.

Para volver a correr o entrenar deben cumplirse criterios como:

  • Ausencia de dolor e inflamación
  • Rango de movimiento casi completo
  • Fuerza del cuádriceps cercana a la pierna sana
  • Capacidad de saltar y aterrizar sin molestias

Y para el retorno al deporte competitivo, se requiere además:

  • Fuerza simétrica
  • Buena mecánica de carrera y salto
  • Preparación psicológica adecuada.

Mensaje final

La recuperación del ligamento cruzado anterior no es una carrera contra el reloj, sino un proceso estructurado, progresivo y personalizado. La evidencia actual refuerza una idea clave:

quien respeta el proceso y cumple los criterios, no solo vuelve antes, sino mejor y con menos riesgo.

Invertir tiempo y esfuerzo en una rehabilitación bien guiada no es un lujo, es una necesidad.

Invierte en ti, cuida tu salud, confía en profesionales.

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