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La diabetes mellitus es una de las enfermedades crónicas más prevalentes en el mundo y representa un importante problema de salud pública. Se estima que en 2021 había aproximadamente 536 millones de adultos con diabetes, cifra que podría alcanzar los 783 millones en 2045 si continúan las tendencias actuales (Ribeiro et al., 2023). Entre los diferentes tipos de diabetes, la diabetes mellitus tipo 2 (DM2) representa entre el 85% y el 95% de los casos a nivel mundial (Pan et al., 2018).
El tratamiento de la diabetes requiere un enfoque integral que combine tratamiento farmacológico, control nutricional y ejercicio físico. En este contexto, el ejercicio ha sido ampliamente reconocido como una intervención no farmacológica eficaz para mejorar el control glucémico, reducir factores de riesgo cardiovascular y mejorar la calidad de vida de las personas con diabetes (Ribeiro et al., 2023). La evidencia científica acumulada en las últimas décadas ha permitido comprender mejor los mecanismos fisiológicos implicados y determinar qué tipos de ejercicio son más eficaces para el manejo de esta enfermedad.
La Diabetes mellitus tipo 1 y la Diabetes mellitus tipo 2 son enfermedades metabólicas crónicas caracterizadas por niveles elevados de glucosa en sangre, pero presentan causas fisiopatológicas diferentes.
La diabetes tipo 1 es una enfermedad autoinmune en la que el sistema inmunitario destruye las células β del páncreas responsables de producir insulina. Como consecuencia, las personas con este tipo de diabetes presentan una deficiencia absoluta de insulina y necesitan tratamiento con insulina durante toda la vida (De Cock et al., 2024). Suele aparecer en la infancia o adolescencia, aunque también puede diagnosticarse en adultos.
Por el contrario, la diabetes tipo 2 se caracteriza principalmente por resistencia a la insulina y una alteración progresiva de la secreción de esta hormona. En este caso el organismo aún produce insulina, pero los tejidos no responden adecuadamente a ella, lo que provoca hiperglucemia crónica (Ribeiro et al., 2023). Este tipo de diabetes representa aproximadamente entre el 85 % y el 95 % de todos los casos de diabetes en el mundo (Pan et al., 2018).
Aunque los mecanismos que originan ambas enfermedades son diferentes, el ejercicio físico desempeña un papel importante en el manejo de los dos tipos de diabetes, ya que mejora el metabolismo de la glucosa, la sensibilidad a la insulina y la salud cardiovascular (De Cock et al., 2024; Ribeiro et al., 2023).

Durante el ejercicio físico se producen múltiples adaptaciones metabólicas que influyen directamente en el metabolismo de la glucosa. La contracción muscular aumenta la captación de glucosa por el músculo esquelético mediante la activación de transportadores de glucosa como GLUT4, lo que favorece la entrada de glucosa en las células musculares incluso en ausencia de insulina (De Cock et al., 2024).
Además, el ejercicio regular provoca adaptaciones musculares y metabólicas que mejoran la sensibilidad a la insulina, reduciendo la resistencia a esta hormona, una característica fundamental en la diabetes tipo 2 (Ribeiro et al., 2023). Estas adaptaciones permiten que el organismo utilice la glucosa de forma más eficiente, lo que contribuye al control glucémico a largo plazo.
La práctica regular de actividad física también se asocia con otros beneficios metabólicos relevantes, como la mejora de la condición cardiorrespiratoria, el mantenimiento del peso corporal, la reducción del riesgo cardiovascular y la mejora del bienestar psicológico y la calidad de vida en personas con diabetes (Ribeiro et al., 2023).

Diversos estudios han evaluado el impacto de diferentes modalidades de entrenamiento en el control glucémico de personas con diabetes tipo 2. Las principales modalidades estudiadas incluyen el ejercicio aeróbico, el entrenamiento de fuerza y el entrenamiento combinado.
El ejercicio aeróbico incluye actividades como caminar, correr, nadar o montar en bicicleta. Este tipo de ejercicio mejora la capacidad cardiorrespiratoria y se ha asociado con mejoras en el control glucémico en personas con diabetes tipo 2.
Un metaanálisis que incluyó 37 estudios y 2208 pacientes con diabetes tipo 2 encontró que el ejercicio aeróbico supervisado produce una reducción significativa en los niveles de hemoglobina glicosilada (HbA1c) en comparación con la ausencia de ejercicio (Pan et al., 2018). Además, el ejercicio aeróbico también se asoció con mejoras en otros marcadores cardiometabólicos, incluyendo reducciones en la glucosa plasmática en ayunas, colesterol total, triglicéridos y colesterol LDL (Pan et al., 2018).
El entrenamiento de resistencia o fuerza ha ganado una atención creciente en los últimos años como estrategia terapéutica para el manejo de la diabetes. Este tipo de entrenamiento se centra en el aumento de la masa muscular y la fuerza mediante ejercicios con peso corporal, máquinas o pesas.
Una revisión sistemática y metaanálisis que analizó 20 ensayos clínicos con 1172 participantes encontró que el entrenamiento de fuerza reduce significativamente los niveles de HbA1c en adultos con diabetes tipo 2 en comparación con grupos control (Jansson et al., 2022). Además, el estudio observó que las mayores mejoras en fuerza muscular se asociaban con mayores reducciones en HbA1c, lo que sugiere que la adaptación muscular juega un papel clave en el control glucémico (Jansson et al., 2022).

El entrenamiento combinado, que integra ejercicio aeróbico y entrenamiento de fuerza, parece ofrecer beneficios adicionales. En el metaanálisis realizado por Pan et al. (2018), el entrenamiento combinado mostró una mayor mejora en los niveles de HbA1c en comparación con el entrenamiento aeróbico o de fuerza por separado.
Debido a estos resultados, diversas guías internacionales recomiendan que los programas de ejercicio para personas con diabetes incluyan ambos tipos de entrenamiento para maximizar los beneficios metabólicos y cardiovasculares (Pan et al., 2018).
Aunque gran parte de la investigación se ha centrado en la diabetes tipo 2, el ejercicio también desempeña un papel importante en el manejo de la diabetes tipo 1.
Una revisión sistemática y metaanálisis que analizó 68 estudios sobre actividad física en personas con diabetes tipo 1 encontró que la práctica de actividad física se asocia con una reducción significativa de los niveles de HbA1c, lo que indica una mejora del control glucémico (De Cock et al., 2024).
Además, el ejercicio puede contribuir a mejorar la composición corporal, la salud cardiovascular y la calidad de vida en personas con diabetes tipo 1 (De Cock et al., 2024). En población pediátrica, otro metaanálisis que incluyó 14 ensayos clínicos con 509 jóvenes con diabetes tipo 1 encontró que los programas de ejercicio reducen los niveles de HbA1c y mejoran la condición cardiorrespiratoria (García-Hermoso et al., 2022).
Los beneficios parecen ser mayores cuando los programas de ejercicio incluyen entrenamiento concurrente (aeróbico y de fuerza), sesiones de al menos 60 minutos y una duración del programa superior a 24 semanas (García-Hermoso et al., 2022).

Uno de los principales desafíos asociados con el ejercicio en personas con diabetes tipo 1 es el riesgo de hipoglucemia. La respuesta glucémica al ejercicio puede variar dependiendo del tipo, la intensidad y la duración de la actividad física.
En general, el ejercicio aeróbico continuo aumenta la captación de glucosa por el músculo, lo que puede aumentar el riesgo de hipoglucemia durante o después del ejercicio (Ferreira et al., 2023).
Por otro lado, el entrenamiento de alta intensidad, como el entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT), puede generar una respuesta hormonal diferente que favorece una mayor estabilidad glucémica durante el ejercicio. Un estudio que comparó HIIT con entrenamiento aeróbico continuo encontró que el HIIT se asoció con una menor frecuencia de episodios de hipoglucemia durante el entrenamiento (Murillo et al., 2022).
Estos hallazgos sugieren que la selección adecuada del tipo de ejercicio y la correcta planificación del entrenamiento pueden contribuir a mejorar la seguridad y eficacia del ejercicio en personas con diabetes.

A pesar de los beneficios demostrados, muchas personas con diabetes no alcanzan los niveles recomendados de actividad física. En el caso de la diabetes tipo 1, una de las principales barreras es el miedo a la hipoglucemia, especialmente durante o después del ejercicio (Ferreira et al., 2023).
Otros factores que pueden limitar la práctica de ejercicio incluyen la falta de tiempo, las demandas laborales y la necesidad de ajustar cuidadosamente la dosis de insulina y la ingesta de carbohidratos antes y después de la actividad física (Ferreira et al., 2023).
La educación diabetológica y la supervisión profesional pueden desempeñar un papel fundamental para ayudar a los pacientes a integrar el ejercicio de forma segura en su vida diaria.

La evidencia científica demuestra que el ejercicio físico es una intervención terapéutica fundamental en el manejo de la diabetes. Tanto en la diabetes tipo 2 como en la tipo 1, la práctica regular de actividad física se asocia con mejoras en el control glucémico, la sensibilidad a la insulina, la salud cardiovascular y la calidad de vida.
Los programas de ejercicio que combinan entrenamiento aeróbico y de fuerza parecen ser especialmente eficaces para mejorar los niveles de HbA1c y otros factores de riesgo cardiometabólico. Sin embargo, para maximizar los beneficios y minimizar riesgos como la hipoglucemia, es importante que el ejercicio sea individualizado, progresivo y supervisado por profesionales de la salud.
La promoción de estilos de vida activos y la incorporación del ejercicio en los programas de tratamiento deberían ser una prioridad en el manejo integral de la diabetes.

De Cock, D., Schreurs, L., Steenackers, N., Pazmino, S., Cools, W., Eykerman, L., Thiels, H., Mathieu, C., & Van der Schueren, B. (2024). The effect of physical activity on glycaemic control in people with type 1 diabetes mellitus: A systematic literature review and meta-analysis. Diabetic Medicine.
Ferreira, M., Neves, J. S., Neves, C., & Carvalho, D. (2023). Physical exercise and glycemic management in patients with type 1 diabetes on insulin pump therapy—a cross-sectional study. Acta Diabetologica.
García-Hermoso, A., Ezzatvar, Y., Huerta-Uribe, N., Alonso-Martínez, A. M., Chueca-Guindulain, M. J., Berrade-Zubiri, S., Izquierdo, M., & Ramírez-Vélez, R. (2022). Effects of exercise training on glycaemic control in youths with type 1 diabetes: A systematic review and meta-analysis of randomised controlled trials. European Journal of Sport Science.
Jansson, A. K., Chan, L. X., Lubans, D. R., Duncan, M. J., & Plotnikoff, R. C. (2022). Effect of resistance training on HbA1c in adults with type 2 diabetes mellitus and the moderating effect of changes in muscular strength: A systematic review and meta-analysis. BMJ Open Diabetes Research & Care.
Murillo, S., Brugnara, L., Servitja, J. M., & Novials, A. (2022). High intensity interval training reduces hypoglycemic events compared with continuous aerobic training in individuals with type 1 diabetes. Diabetes & Metabolism.
Pan, B., Ge, L., Xun, Y., Chen, Y., Gao, C., Han, X., Zuo, L., Shan, H., Yang, K., Ding, G., & Tian, J. (2018). Exercise training modalities in patients with type 2 diabetes mellitus: a systematic review and network meta-analysis. International Journal of Behavioral Nutrition and Physical Activity.
Ribeiro, A. K. P. L., Carvalho, J. P. R., & Bento-Torres, N. V. O. (2023). Physical exercise as treatment for adults with type 2 diabetes: a rapid review. Frontiers in Endocrinology.