ARTÍCULO 47: LA IMPORTANCIA DE UN EQUIPO INTERDISCIPLINAR

Cuando una persona sufre una lesión, quiere mejorar su salud o pretende volver a practicar deporte, es habitual que diferentes profesionales participen en el proceso. Puede acudir al fisioterapeuta para recuperar una lesión, trabajar con un entrenador para recuperar su capacidad física, consultar a un nutricionista para adaptar su alimentación o necesitar ayuda psicológica para afrontar las dificultades que aparecen durante el camino.

El problema es que muchas veces estos profesionales trabajan de manera paralela. Cada uno realiza correctamente su intervención, pero no necesariamente existe una comunicación, una planificación o unos objetivos compartidos entre ellos.

Sin embargo, la literatura científica sobre rehabilitación, deporte y salud plantea una idea diferente: determinadas situaciones no pueden entenderse únicamente desde una disciplina. Factores físicos, psicológicos, nutricionales y sociales pueden interactuar durante la recuperación, por lo que integrar diferentes áreas de conocimiento puede resultar especialmente relevante. (Momsen et al., 2012; Kamper et al., 2015; Rollo et al., 2021)

Tener varios profesionales no significa necesariamente trabajar en equipo

Podemos imaginar a una persona que está recuperándose de una lesión. Acude al fisioterapeuta dos veces por semana, tiene una planificación de entrenamiento, sigue unas recomendaciones nutricionales y, además, trabaja determinados aspectos psicológicos.

A primera vista podríamos decir que existe un abordaje multidisciplinar. Sin embargo, que cuatro profesionales atiendan a la misma persona no significa necesariamente que estén trabajando como un equipo.

Una revisión sistemática de Schot y colaboradores analizó 64 estudios sobre colaboración interprofesional en salud. Los autores identificaron diferentes comportamientos necesarios para que exista una verdadera colaboración: superar las barreras que separan a las distintas profesiones, negociar las zonas donde las funciones pueden solaparse y crear espacios donde los profesionales puedan compartir información y coordinarse. (Schot et al., 2020)

Una revisión sistemática más reciente centrada específicamente en servicios de rehabilitación llegó a conclusiones similares. Entre las principales barreras para trabajar conjuntamente aparecían una comunicación deficiente, la falta de claridad sobre las funciones de cada profesional, las estructuras jerárquicas y una atención fragmentada. Por el contrario, la comunicación estructurada, los objetivos compartidos, el apoyo del liderazgo y la educación interprofesional podían facilitar la colaboración. (Sam et al., 2026)

Por tanto, probablemente deberíamos diferenciar entre tener un equipo de profesionales y trabajar realmente como un equipo.

Una lesión no siempre es únicamente un problema físico

Cuando hablamos de una lesión musculoesquelética tendemos a pensar principalmente en tejidos, fuerza, movilidad, dolor y capacidad física. Todos estos elementos son importantes, pero la recuperación puede ser más compleja.

Una revisión de revisiones publicada por Momsen y colaboradores analizó la rehabilitación mediante equipos multidisciplinares en diferentes problemas de salud. Se incluyeron 14 revisiones que representaban 12 poblaciones clínicas diferentes. Los autores encontraron evidencia favorable a este tipo de rehabilitación en 10 de las 12 poblaciones estudiadas, entre ellas personas con dolor crónico, dolor lumbar, fibromialgia, ictus, lesión cerebral adquirida o esclerosis múltiple. (Momsen et al., 2012)

Uno de los ejemplos más estudiados es el dolor lumbar crónico. Kamper y colaboradores analizaron 41 ensayos clínicos aleatorizados con un total de 6.858 participantes.

Para considerar una intervención como rehabilitación biopsicosocial multidisciplinar debía existir un componente físico acompañado de un componente psicológico, social o relacionado con el trabajo, y participar profesionales de al menos dos disciplinas diferentes.

En comparación con la atención habitual, estas intervenciones produjeron mejoras en dolor y discapacidad. También mostraron mejores resultados que los tratamientos exclusivamente físicos en algunos de los análisis, aunque la calidad de la evidencia y el tamaño del efecto variaban según el resultado estudiado. (Kamper et al., 2015)

Esto no significa que todas las personas necesiten permanentemente cuatro o cinco profesionales. Significa algo diferente: cuando los factores que condicionan un problema pertenecen a diferentes áreas, abordarlos únicamente desde una de ellas puede dejar parte del problema sin atender.

Volver a hacer deporte es mucho más que recuperar fuerza

Esta idea se entiende especialmente bien cuando hablamos de una lesión deportiva.

Tradicionalmente podríamos imaginar la recuperación como una secuencia relativamente sencilla: aparece una lesión, se trata el tejido, se recuperan movilidad y fuerza y finalmente el deportista vuelve a entrenar.

Pero el retorno al deporte es una decisión mucho más compleja.

El consenso internacional sobre retorno al deporte publicado después del First World Congress in Sports Physical Therapy de Berna señaló que volver a practicar deporte después de una lesión es un proceso de gestión del riesgo en el que intervienen múltiples factores.

Además, plantea que las decisiones deberían realizarse de manera colaborativa entre clínicos, deportistas y entrenadores. El retorno al deporte tampoco debería considerarse únicamente como una decisión que se toma al final de la rehabilitación, sino como un proceso integrado dentro de toda la recuperación. (Ardern et al., 2016)

Esto obliga a conectar diferentes etapas que tradicionalmente podían estar separadas.

El fisioterapeuta puede estar especialmente implicado en la recuperación clínica inicial. El entrenador o readaptador puede progresar posteriormente las demandas físicas y deportivas. Pero ambas fases deberían formar parte del mismo camino.

Y dentro de ese camino existen otros factores que también pueden influir.

La cabeza también forma parte de la rehabilitación

Una lesión no ocurre únicamente en un músculo, un tendón o una articulación. También le ocurre a una persona.

El deportista puede sentir miedo a volver a lesionarse, frustración, pérdida de confianza o incertidumbre respecto a su capacidad para recuperar el nivel anterior.

Después de aproximadamente 50 años de investigación sobre psicología de las lesiones deportivas, un consenso publicado en 2024 reunió la evidencia existente sobre factores psicológicos relacionados con el riesgo de lesión, la rehabilitación y el retorno al deporte.

Entre sus conclusiones, los autores destacan la importancia de considerar los factores psicológicos durante todo el proceso y promueven la colaboración entre los profesionales de medicina deportiva y los especialistas en psicología del deporte. (Tranaeus et al., 2024)

Esto plantea una cuestión interesante: ¿debería el fisioterapeuta trabajar también algunos aspectos psicológicos?

Una revisión sistemática de Annear y colaboradores analizó 11 estudios que incluían a 1.440 fisioterapeutas deportivos. La mayoría reconocía la importancia de incorporar estrategias psicológicas durante la rehabilitación.

Entre las estrategias utilizadas con mayor frecuencia aparecían el establecimiento de objetivos y el fomento de pensamientos positivos. Sin embargo, muchos profesionales manifestaban dudas sobre los límites de sus competencias y señalaban una falta de formación específica en psicología. (Annear et al., 2019)

Esto ayuda a entender por qué trabajar en equipo no significa que todos los profesionales hagan de todo.

Un fisioterapeuta puede tener en cuenta factores psicológicos y adaptar su comunicación. Un entrenador puede observar cambios de conducta o confianza. Pero determinadas situaciones requieren el conocimiento específico de un profesional de la psicología.

Integrar disciplinas no debería significar borrar sus límites, sino saber cuándo colaborar y cuándo derivar.

La nutrición tampoco debería empezar cuando termina la rehabilitación

Algo parecido ocurre con la nutrición.

Durante una lesión pueden producirse periodos de menor actividad, inmovilización o reducción importante de la carga de entrenamiento. Al mismo tiempo, el organismo sigue necesitando recursos para mantener tejidos y afrontar el proceso de recuperación.

Una revisión sistemática integrativa publicada en 2023 analizó específicamente las estrategias nutricionales durante la rehabilitación de lesiones musculoesqueléticas en deportistas.

Tras revisar los estudios incluidos, los autores destacaron la importancia de mantener una ingesta energética equilibrada y una alimentación con suficiente proteína y carbohidratos, prestando especial atención a evitar situaciones de baja disponibilidad energética.

También analizaron suplementos como colágeno, creatina, omega-3 o vitamina D, aunque señalaron que todavía se necesita más investigación clínica específica en deportistas lesionados antes de establecer conclusiones firmes para varias de estas estrategias. (Giraldo-Vallejo et al., 2023)

Por tanto, la nutrición durante una lesión no consiste simplemente en recomendar determinados suplementos. También debe adaptarse al momento de la rehabilitación, al gasto energético, a los objetivos físicos y a la evolución del deportista.

Y precisamente aquí vuelve a aparecer la necesidad de comunicación entre profesionales.

¿Qué ocurre cuando fisioterapia, entrenamiento, nutrición y psicología se conectan?

Rollo y colaboradores abordaron específicamente esta pregunta en jugadores profesionales de fútbol.

Los autores señalaron que el retorno al deporte suele depender especialmente del trabajo realizado por médicos, fisioterapeutas y profesionales responsables de la preparación física. Sin embargo, la psicología y la nutrición también pueden contribuir de manera relevante durante este proceso y con frecuencia reciben menos atención.

Por ello propusieron integrar ambas disciplinas dentro de los diferentes hitos de recuperación establecidos por el equipo médico y de preparación física.

El objetivo no era añadir intervenciones independientes, sino incorporar la nutrición y la psicología dentro de un mismo proceso de recuperación, desde las fases iniciales de la lesión hasta la recuperación funcional y el retorno al juego. (Rollo et al., 2021)

Esta diferencia es importante.

Podemos imaginar dos modelos.

En el primero, el fisioterapeuta realiza su tratamiento, el entrenador prepara sus sesiones, el nutricionista entrega una pauta y el psicólogo trabaja con la persona de manera independiente.

En el segundo, todos entienden en qué fase se encuentra la persona, conocen los principales objetivos, comparten información relevante y adaptan su intervención a la evolución del proceso.

Los profesionales pueden ser exactamente los mismos.

Lo que cambia es la coordinación entre ellos.

La salud mental y la salud física tampoco viven separadas

Esta visión adquiere todavía más importancia cuando hablamos de salud mental.

El consenso del Comité Olímpico Internacional sobre salud mental en deportistas de élite publicado en 2019 señalaba que los síntomas y trastornos de salud mental son relevantes dentro del deporte de élite y pueden afectar al rendimiento.

Pero uno de sus mensajes más importantes es que la salud mental no puede separarse completamente de la salud física.

El documento señala que determinados problemas de salud mental pueden relacionarse con un mayor riesgo de lesión física y con una recuperación posterior más lenta. Por ello propone considerar factores biopsicosociales tanto en la evaluación como en el manejo del deportista. (Reardon et al., 2019)

Una vez más, la idea no consiste en convertir al entrenador o al fisioterapeuta en psicólogo.

Consiste en dejar de entender a una persona como una suma de compartimentos independientes.

Un buen equipo no necesita hacer todos lo mismo

Puede parecer que el enfoque interdisciplinar genera una zona difusa donde todos los profesionales terminan realizando funciones similares.

La evidencia sobre colaboración interprofesional apunta precisamente en la dirección contraria.

Para trabajar correctamente en equipo resulta importante que existan roles claros, comunicación estructurada y objetivos compartidos. La falta de claridad sobre quién debe hacer qué puede convertirse, de hecho, en una barrera para la colaboración. (Sam et al., 2026; Schot et al., 2020)

Por tanto, trabajar conjuntamente no significa que el fisioterapeuta prescriba nutrición, que el nutricionista programe una rehabilitación o que el entrenador realice una intervención psicológica clínica.

Significa que cada profesional aporta aquello para lo que está formado mientras entiende cómo su trabajo encaja dentro de un objetivo común.

El valor de un equipo no está solamente en reunir conocimientos diferentes.

Está en conseguir que esos conocimientos se comuniquen entre sí.

Del “¿qué profesional necesito?” al “¿qué necesita esta persona?”

Quizá una de las dificultades de nuestro sistema tradicional de salud sea que tendemos a organizar los problemas en función de profesiones.

Si existe dolor, pensamos en fisioterapia.

Si queremos mejorar nuestra condición física, pensamos en entrenamiento.

Si queremos mejorar nuestra alimentación, acudimos a nutrición.

Si aparece un problema psicológico, pensamos en psicología.

Esta división resulta útil porque cada profesional necesita una formación especializada. Sin embargo, las personas no siempre presentan sus problemas de una manera tan ordenada.

Una lesión puede modificar la actividad física, la alimentación, el estado psicológico y la confianza para volver a entrenar.

El dolor crónico puede estar influido por factores físicos, psicológicos y sociales.

Un deportista que físicamente parece preparado para volver a competir puede no encontrarse psicológicamente preparado.

Y una estrategia nutricional durante una lesión debería tener en cuenta cuánto y cómo está entrenando esa persona.

La evidencia revisada no permite afirmar que todas las personas necesiten siempre un tratamiento interdisciplinar. Tampoco significa que sumar más profesionales produzca automáticamente mejores resultados.

Lo que sí respalda es una idea más prudente: cuando un problema está condicionado por múltiples dimensiones, puede ser necesario integrar diferentes conocimientos para abordarlo adecuadamente. (Momsen et al., 2012; Kamper et al., 2015; Ardern et al., 2016; Rollo et al., 2021)

Quizá la verdadera especialización también consiste en saber trabajar juntos

Durante años hemos avanzado enormemente en la especialización de los profesionales sanitarios y del deporte.

Sabemos cada vez más sobre ejercicio, fisioterapia, nutrición, psicología y medicina.

Pero cuanto mayor es la especialización, mayor puede ser también el riesgo de observar únicamente la parte de la persona que pertenece a nuestra disciplina.

Por eso, uno de los siguientes pasos quizá no consista solamente en saber más dentro de cada profesión, sino también en aprender a conectar ese conocimiento con el de los demás.

La literatura sobre colaboración interprofesional señala que esto requiere comunicación, claridad en las funciones, objetivos comunes y espacios para compartir decisiones. Y la investigación en rehabilitación y deporte muestra numerosos escenarios donde los factores físicos, psicológicos y nutricionales interactúan durante la recuperación. (Schot et al., 2020; Sam et al., 2026; Rollo et al., 2021)

Quizá, por tanto, la pregunta no debería ser únicamente:

¿qué puede hacer un fisioterapeuta, un entrenador, un nutricionista o un psicólogo por separado?

Sino también:

¿qué podemos conseguir cuando cada uno aporta su especialidad hacia un mismo objetivo y ponemos realmente a la persona en el centro del proceso?

Referencias

Annear, A., Sole, G., & Devan, H. (2019). What are the current practices of sports physiotherapists in integrating psychological strategies during athletes’ return-to-play rehabilitation? Mixed methods systematic review. Physical Therapy in Sport, 38, 96–105. PMID: 31077961.

Ardern, C. L., Glasgow, P., Schneiders, A., et al. (2016). 2016 Consensus statement on return to sport from the First World Congress in Sports Physical Therapy, Bern. British Journal of Sports Medicine, 50(14), 853–864. PMID: 27226389.

Giraldo-Vallejo, J. E., Cardona-Guzmán, M. Á., Rodríguez-Alcivar, E. J., et al. (2023). Nutritional Strategies in the Rehabilitation of Musculoskeletal Injuries in Athletes: A Systematic Integrative Review. Nutrients, 15(4), 819. PMID: 36839176.

Kamper, S. J., Apeldoorn, A. T., Chiarotto, A., et al. (2015). Multidisciplinary biopsychosocial rehabilitation for chronic low back pain: Cochrane systematic review and meta-analysis. BMJ, 350, h444. PMID: 25694111.

Momsen, A. M., Rasmussen, J. O., Nielsen, C. V., Iversen, M. D., & Lund, H. (2012). Multidisciplinary team care in rehabilitation: an overview of reviews. Journal of Rehabilitation Medicine, 44(11), 901–912. PMID: 23026978.

Reardon, C. L., Hainline, B., Aron, C. M., et al. (2019). Mental health in elite athletes: International Olympic Committee consensus statement. British Journal of Sports Medicine, 53(11), 667–699. PMID: 31097450.

Rollo, I., Carter, J. M., Close, G. L., et al. (2021). Role of sports psychology and sports nutrition in return to play from musculoskeletal injuries in professional soccer: an interdisciplinary approach. European Journal of Sport Science, 21(7), 1054–1063. PMID: 32633210.

Sam, N., Yusuf, I., Aras, I., Budu, & Ardyansyah, B. D. (2026). Facilitators and barriers to effective interprofessional collaboration in rehabilitation services: a systematic review. Journal of Interprofessional Care, 40(5), 833–839. PMID: 42163046.

Schot, E., Tummers, L., & Noordegraaf, M. (2020). Working on working together. A systematic review on how healthcare professionals contribute to interprofessional collaboration. Journal of Interprofessional Care, 34(3), 332–342. PMID: 31329469.

Tranaeus, U., Gledhill, A., Johnson, U., et al. (2024). 50 Years of Research on the Psychology of Sport Injury: A Consensus Statement. Sports Medicine, 54(7), 1733–1748. PMID: 38862845.

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